Emociones e impacto en la salud digestiva

Cada vez existe más evidencia sobre las emociones e impacto en la salud digestiva. Hoy veremos la conexión cuerpo-mente-aparato-digestivo.

Nuestro sistema digestivo no es simplemente un conjunto de órganos que procesan alimentos; también es un receptor activo a nuestras emociones y estados mentales.

La danza entre el estrés y el estómago

El estrés, omnipresente en nuestra vida actual, desencadena una cascada de reacciones en nuestro cuerpo. La liberación de hormonas del estrés, como el cortisol, puede afectar directamente al aparato digestivo. La digestión puede ralentizarse e incluso paralizarse, y en condiciones de disfunciones digestivas, estas pueden empeorar.

La ansiedad, asidua compañera del estrés, también encuentra su camino hacia el estómago. El nerviosismo y la tensión emocional pueden manifestarse como dolores estomacales, calambres, gases e incluso diarrea.

La red cerebro-intestino: ¿Nuestro segundo cerebro?

La conexión entre el cerebro y el intestino es real. El sistema nervioso entérico, a menudo denominado nuestro “segundo cerebro”, comunica activamente el estado emocional al sistema digestivo y viceversa. La depresión, por ejemplo, puede manifestarse con síntomas gastrointestinales.

La sensación constante de peligro puede activar el sistema de respuesta al estrés del cuerpo, conocido como la respuesta de “lucha o huida“. Este sistema está controlado por el sistema nervioso simpático y se activa en situaciones de amenaza percibida. Cuando el cerebro percibe un peligro, libera hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina, que preparan el cuerpo para reaccionar. Dejando el resto de funciones en stand by.

Emociones e impacto en la salud digestiva incluyen en muchos casos una sensibilidad central o sensibilidad visceral.

La sensibilidad visceral se refiere a la capacidad del sistema nervioso para detectar y responder a los estímulos que afectan los órganos internos o vísceras. Este sistema de sensibilidad visceral está mediado por las fibras nerviosas que forman parte del sistema nervioso autónomo, específicamente a través de las divisiones simpática y parasimpática.

A diferencia de la sensibilidad somática, que se refiere a la percepción de estímulos externos como el tacto, la sensibilidad visceral implica la detección de cambios internos en los órganos internos, como la distensión, la presión o la irritación de los tejidos viscerales.

Algunos ejemplos de sensibilidad visceral:

Dolor visceral: La sensibilidad visceral puede manifestarse como dolor en respuesta a estímulos que afectan los órganos internos. Este tipo de dolor puede ser vago y difícil de localizar, y a veces se describe como “dolor sordo” o “dolor profundo”.

Percepción de la plenitud: La sensibilidad visceral también juega un papel en la percepción de la plenitud o saciedad después de comer. Las señales del tracto gastrointestinal al sistema nervioso central ayudan a regular el apetito y la ingesta de alimentos.

Respuestas autónomas: La sensibilidad visceral está asociada con respuestas automáticas del sistema nervioso autónomo, como cambios en la frecuencia cardíaca, la respiración y la actividad gastrointestinal.

Regulación homeostática: La sensibilidad visceral es esencial para la regulación homeostática del cuerpo. Permite la coordinación de las funciones internas para mantener un entorno interno equilibrado y adecuado para el funcionamiento óptimo del organismo.

Consejos para unificar cuerpo y mente


Mindfulness y reducción del estrés:
La práctica del mindfulness y la reducción del estrés son fundamentales. La meditación y la atención plena pueden ayudar a mitigar los efectos negativos de las emociones abrumadoras.

La importancia de la actividad física:
El ejercicio no solo fortalece nuestro cuerpo y mejora nuestra composición corporal, sino también nuestras mentes. La actividad física regular libera tensiones emocionales y estimula la función digestiva.

Nutrición Consciente:
Adoptar la alimentación consciente, prestando atención a lo que comemos y cómo nos hace sentir, puede mejorar significativamente la salud digestiva.

Cómo implemetar mindfulness


Usa recordatorios: Configura recordatorios en tu teléfono o coloca notas visuales para recordarte realizar tus sesiones de mindfulness.

Sé flexible: Si no puedes seguir exactamente este horario todos los días, sé flexible. Lo importante es hacer de la práctica de mindfulness un hábito regular.

Encuentra momentos en el día: Aprovecha momentos cotidianos, como esperar en una fila o durante el transporte, para realizar prácticas breves de mindfulness.

Explora diferentes técnicas: Experimenta con diferentes técnicas de mindfulness, como la meditación sentada, caminar conscientemente o la atención plena durante actividades diarias.

Recuerda que la consistencia es clave en la práctica de mindfulness. Al establecer horarios regulares, estás cultivando un hábito que obtiene beneficios significativos para tu bienestar mental y emocional.

Emociones e impacto en la salud digestiva

El primer paso hacia una óptima salud digestiva es reconocer y comprometerte a cuidar de tu cuerpo. Una vez establecido tu compromiso, puedes pedir cita PNI conmigo, y estaré encantada de ayudarte con pautas personalizadas y sugerencias basadas en tu situación específica.

¡Espero haberte ayudado!