Descanso eficiente y salud

Desentrañando los efectos del déficit de sueño y el descanso eficiente en la Salud integral: Más allá de las ojeras y la taza de café.

En la vertiginosa realidad de la vida contemporánea, el sueño a menudo se ve relegado al último lugar en nuestras prioridades. Sin embargo, sus efectos van más allá de las típicas ojeras, influyendo de manera significativa en nuestra salud física y mental.

En este artículo, exploraremos detenidamente las diversas dimensiones de las consecuencias de un déficit de sueño, destacando la importancia de abordar este aspecto esencial para un bienestar integral.

Pero, ¿cuáles son las verdaderas consecuencias de un déficit de sueño?

A nivel cognitivo; el sueño es el arquitecto de la función cognitiva. La falta de sueño afecta la concentración, la toma de decisiones y el procesamiento de la información, impactando negativamente en el rendimiento académico y laboral.

Emociones; La relación entre sueño y salud mental es innegable. La irritabilidad, la ansiedad y la depresión son consecuencias comunes de no dormir lo suficiente, afectando nuestra estabilidad emocional y calidad de vida.

Impacto fisiológico; El déficit de sueño no solo afecta la mente, sino que también deja huellas en el cuerpo. Aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y obesidad. Además, socava el sistema inmunológico, dejándonos más vulnerables a enfermedades y afectando nuestra capacidad de recuperación. Además produce neuroinflamación.

La evidencia científica respalda la idea de que la falta de sueño está asociada con una mayor susceptibilidad a infecciones. Durante el sueño, el cuerpo lleva a cabo procesos de reparación y fortalecimiento del sistema inmunológico. La privación crónica de sueño puede comprometer estos procesos, dejándonos más expuestos a los agentes patógenos.

A nivel biológico, la falta de sueño afecta la producción de células inmunológicas y la liberación de sustancias químicas (linfocitos T) que desempeñan un papel crucial en la respuesta inmunitaria. La interferencia en estos procesos puede debilitar nuestras defensas naturales, haciendo que el cuerpo sea menos capaz de combatir eficazmente las infecciones.

Inflamación: La falta de sueño puede aumentar la producción de ciertas moléculas inflamatorias en el cuerpo, lo que puede contribuir a la aparición de enfermedades crónicas como la diabetes, cardiopatías y cáncer.

Riesgos; La somnolencia diurna no es solo un inconveniente; es un riesgo tangible. Conducir, operar maquinaria o realizar tareas cotidianas se vuelve peligroso debido a la falta de atención y coordinación, subrayando la urgencia de abordar el déficit de sueño en la sociedad moderna.

Descanso eficiente y salud hormonal

La falta de sueño puede tener impactos significativos en varios niveles hormonales, afectando a hormonas clave como la leptina y el cortisol.

Leptina:

La leptina es una hormona que regula el apetito y el gasto de energía. Es secretada por las células grasas y actúa en el cerebro para suprimir el apetito y aumentar el gasto de energía.
La falta de sueño puede reducir los niveles de leptina, lo que lleva a una disminución de la señal de saciedad. Como resultado, las personas que no duermen lo suficiente pueden experimentar un aumento del apetito y tener dificultades para controlar su ingesta de alimentos.

Grelina:

La grelina es otra hormona relacionada con la regulación del apetito. Se libera principalmente en el estómago y estimula el hambre.
La falta de sueño tiende a aumentar los niveles de grelina, lo que significa que las personas que no duermen lo suficiente pueden sentir más hambre y tener más antojo de alimentos, especialmente aquellos ricos en calorías y carbohidratos. Seguro que recuerdas una mala noche o una noche de juerga y al día siguiente apetecerte más productos ricos en azúcares.

Cortisol:

El cortisol es conocido como la «hormona del estrés» y desempeña un papel crucial en la regulación del metabolismo, la inflamación, la respuesta al estrés y el ciclo sueño-vigilia.
La falta de sueño puede llevar a un desequilibrio en los niveles de cortisol. En condiciones normales, los niveles de cortisol deberían ser más bajos durante la noche para facilitar la producción de melatonina, hormona del sueño y después aumentar gradualmente por la mañana para ayudar a despertar. La falta de sueño puede alterar este patrón, resultando en niveles de cortisol más elevados durante la noche y contribuyendo a la dificultad para conciliar el sueño, y a la somnolencia y agotamiento diurno.

Insulina:

La insulina regula los niveles de glucosa en sangre. La resistencia a la insulina, que puede ocurrir con el tiempo debido a la falta de sueño, está asociada con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
En resumen, el déficit de sueño puede afectar negativamente la regulación hormonal, aumentando el apetito, especialmente por alimentos ricos en azúcares simples, y contribuyendo a desequilibrios en hormonas clave como la leptina y el cortisol. Estos cambios hormonales pueden tener implicaciones significativas para la salud metabólica y en el sobrepeso.

Descanso eficiente y salud digestiva

La falta de sueño crónica puede contribuir a la inflamación sistémica o de bajo grado, que a su vez está asociada con diversas enfermedades digestivas, como la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), el síndrome del intestino irritable (SII) y la enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA).

Reflujo: La falta de sueño puede agravar los síntomas hipoclorhidria y de reflujo. La posición horizontal durante el sueño puede permitir que los ácidos gástricos fluyan hacia el esófago con mayor facilidad, provocando molestias, lo mejor es acostarse del lado izquierdo, posición natural del estómago.

Estreñimiento o diarrea: La alteración en los patrones normales de sueño puede afectar la motilidad intestinal, contribuyendo al estreñimiento o, en algunos casos, a la diarrea, por desregulación del sistema simpático y parasimpático

Desbalance del microbioma: El sueño juega un papel en el mantenimiento de una microbiota intestinal saludable. La falta de sueño puede contribuir a un desequilibrio en el microbioma intestinal, lo que podría afectar la digestión y la absorción de nutrientes.

Aumento de la sensibilidad: La falta de sueño puede aumentar la sensibilidad a ciertos alimentos, lo que podría intensificar las respuestas inmunitarias gastrointestinales a éstos.

Resumiendo, el sueño y la salud digestiva están interconectados de diversas maneras. Mantener un patrón de sueño regular, unos buenos ritmos circadianos, es esencial para promover una función digestiva saludable.

Mindfulness, descanso eficiente y salud

Si padeces alguna patología digestiva, primero, trata de integrar prácticas de mindfulness, meditación guiada para mejorar tus hábitos de sueño, puesto que son estrategias valiosas para aquellos que padecen patologías digestivas.

Crea un ambiente propicio para el descanso y evita distracciones de pantallas y/o luz azul antes de acostarte. Practica estiramientos, duchas con agua templada (nuestra temperatura corporal baja durante el sueño)

Aunque estas prácticas pueden ser beneficiosas, es fundamental que formen parte de un enfoque integral. Si necesitas ayuda con todo ello, puedes pedir cita PNI, y estaré encantada de ayudarte.

Y si has llegado hasta aquí, gracias por leerme.